
Una de las principales intolerancias alimentarias y que afecta a un 20% de la población española es la intolerancia a la lactosa. La lactosa es el azúcar principal de la leche de todos los mamíferos. Se trata de un disacárido formado por glucosa y galactosa. La unión de estas dos moléculas se rompe por la acción de una enzima intestinal denominada lactasa. Cuando no hay lactasa, la lactosa de la leche no se puede digerir ni absorber y llega al colón, dónde será metabolizada por la flora bacteriana con formación de gases, diarrea y dolor abdominal.
A consecuencia de una lesión de la mucosa causada principalmente por diarreas. Esto explica por qué en una diarrea infecciosa o después de tratamiento con antibióticos, la mayoría de las personas presentan una intolerancia a la leche generalmente transitoria.
Un dato importante es que la lactosa se produce mayoritariamente ante el consumo de leche y no otros derivados lácteos como el queso o el yogur. Existe un porcentaje de casos en los que la intolerancia se manifiesta en cantidades mínimas de lactosa por eso hay que tener especial cuidado con los excipientes. En cualquier caso las personas intolerantes a la lactosa pueden utilizar las bebidas vegetales sin lactosa como la leche de soja, de arroz o de avena.
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